Venenos entre dalias.
“Muchos barriles ya explotaron, diseminando miles de libras del tóxico por el suelo y el aire. Se detecta un olor fuerte al mismo y el agua de los pozos de la zona sale con color amarillo.”
Cautivas en letargos de hojalata,
orugas de tinieblas,
entre el óxido,
regurgitan los vahos enfermizos
que brotaron de cuencos calcinados
y nutrieron fatídicos calostros.
Ocultas por mentiras camufladas,
transmutando en crisálidas sin rostro,
es posible escuchar como desuellan
las membranas resecas del capullo,
como escorza el silencio,
en el silencio,
las alas negras,
los siniestros ojos.
Y cuando las vigilias ya no puedan
custodiar el linaje de los días,
cuando no logre el agua
ni la arena
contener los sacrílegos despojos,
florecerán las dalias amarillas
bajo un cielo de esperas agrietadas
y un enjambre de trompas malolientes
libará,
en ellas,
su dolor agónico.
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